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El traje de baño

“Mañana quiero que entrenes sin la playera”

Esas palabras fueron como si me hubiesen dicho que me moriría mañana mismo. De pronto, sentí un mareo. Toda mi vida la he pasado cubriendo mi cuerpo, primero con grasa y después con la ropa.De hecho, la natación fue como un desafío a mis creencias, a mis limites corporales.

Comencé a buscar una razón en mi mente para que me dejará usarla porque la playera no era cualquier playera era de lycra especial para nadar, pero sabía que no estaba en posición de poner condiciones.

Tuve que vencer esa barrera, talvez para ustedes que me leen puede ser una tontería, para mí no lo era, sin esa playera yo me sentía desnuda aunque usara traje de baño completo, vaya en mi vestir cotidiano nunca muestro los brazos, casi ya no uso escotes y esas cosas.

Abandoné mi cuerpo, lo cambie por la seguridad y protección que me brindó por muchos años mi mente, pero no es suficiente, tuve que cambiar. Ahora entreno como todos, me miro al espejo todos los días, trabajando en aceptarme como soy, perdonándome y teniendo paciencia, convenciéndome que esto es un proceso y que lograré la libertad completa.

Espero un día poder salir del vestidor sin sentir un mareo previo, espero un día tener sexo con la luz prendida…espero un día ser libre de verdad.

 

 

 

 

¿Y ahora?

Sí, esa fue mi expresión el primer día de entrenamiento con mi couch y compañeros.

Para empezar, soy la más vieja de todos con 32 años y kilos encima; mis compañeras y compañeros son un cúmulo de juventud y agilidad como todo los adolescentes y veinteañeros. Nadan a una velocidad vertiginosa, mientras yo apenas hago 100 metros ellos ya van en los 300 o más ¡Sin exagerar!

El primer día fue duro para mí, no suelo demostrar debilidad pero en verdad que mientras le dí la espalda a mi couch comencé a llorar en silencio porque mi nivel está por los suelos… ¡No sé nada, realmente no sé nadar!

No me dí por vencida, aprovechando el agua confundí mis lágrimas con ella y volví a nadar de nuevo. No puedo rendirme pedí una oportunidad, lo mejor, pudiendo decirme que no como otros lo hicieron anteriormente, me dijeron que sí  y abrieron las puertas para mí.

No puedo fallarme a mi misma, no puedo fallarle al Universo que promovió todo a mi favor. Precisamente cuando todo parece más negro es cuando más debemos de brillar.

La constancia, el esfuerzo máximo diario, creer en mí me darán cada una de las victorias soñadas.

Esto no se acaba hasta que se acaba.

Y simplemente ¡Lo hice!

Fue en diciembre del 2012, mientras observaba a un numeroso cardumen humano. Sí, miles de gorras de colores que se dirigían a un mismo punto en el mar.

Sólo anuncié como profecía: “En diciembre del 2013 estaré yo aquí haciendo el mismo trayecto como ellos” y así fue.

Nadie me entreno, aprendí a nadar un poco mejor en dos escuelas aunque ahora parece que no me enseñaron lo que yo necesitaba,pero aún con todo y mis deficiencias técnicas realice mi primer kilómetro en el mar.

Miles me rebasaron pero no me importaba, sentir el mar rozando mi cuerpo, ¡no estaba sola! el mar me estaba dando la bienvenida a sus aguas en su verde azulado interminable, con cientos de diminutas medusas marinas que iban debajo mío cual alfombra luminosa, me bautizó y me hizo una con él.

Agradecí la protección de estas aguas vivas porque me permitieron llegar ilesa y con vida a la meta, pero sobretodo por compartirme un poco del “misterio” porque en el mar la vida inicia; la mía inició también siendo una mujer nueva, limpia y llena de energía, con hambre de más.